lunes, 30 de noviembre de 2009

Ella y yo


A pesar del frío siempre estaba ahí para ella... El tren cada sábado y cada domingo justo a las 15:00 h. me conducía hacia sus brazos. Y en ellos me perdía, no importa que solamente ella me regalara dos horas de su ocupada semana. Esas dos horas eran sólo para mí.
Me miraba con sus preciosos ojos color miel, con cara de niña,me decía que me amaba mientras sus labios se perdían en mi rostro, a veces, bañado en lágrimas.
A veces, sólo a veces, la secuestraba voluntariamente durante veinticuatro horas ininterrumpidas, para llevarme a unos cuantos kilómetros de todo y de todos. En ese momento, ella era sólo para mí, y yo era sólo para ella.
Durante esas veinticuatro horas paseábamos de la mano por la orilla de la playa, mirábamos juntas la puesta de sol, nos susurrábamos deliciosas palabras al oído, y hacíamos el amor bajo la luna que, atentamente tras los cristales de la habitación del Hotel, nos observaba y sonreía, cómplice de nuestro loco amor apasionado...


2 Comments:

  1. ? said...
    hola, me gusta lo poquito que he leido.....ens legim
    Enigma said...
    El frío siempre acompaña la soledad pero también nuestras aventuras...
    Aprecio tu manera de escribir espero que sigas siempre así... Un beso guapa.
    Miss L.

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